EL ESCRITOR

Una de las dos cosas que más ansiaba Freddy, se iba a materializar por fin aquel caluroso día. Anhelaba escribir un buen libro, repleto de protagonistas que convertiría en héroes y malos terroríficos que hicieran temblar al mismísimo Michael Myers, pensaba que de ese modo, podría sentirse como si fuera un Dios; y quitarle la vida a alguien quedando totalmente impune.

En cambio, Billy Bob lo √ļnico que anhelaba era el relleno de su sof√°. Situado en mitad de la peque√Īa sala, dedicaba gran parte del d√≠a a descansar all√≠ sus protuberantes nalgas. Se sentaba en el asiento central, con una botella de dos litros de Coca-Cola entre las piernas. A su lado crec√≠a una monta√Īa de latas de cerveza, que luchaba por no caerse al suelo. Aquella tarde, Billy Bob acababa de llevarse a su hediondo trono un paquete de seis cervezas bien fr√≠as, y el televisor a todo volumen le ten√≠a embelesado.

—¡Freddy, tienes que ver esto! —grit√≥ Billy a su compa√Īero de piso con su aguda vocecita.

Cuando la noticia saltó a la pantalla, Freddy estaba sentado en la cocina. Golpeaba con fuerza las teclas de su antigua Olivetti y su cerebro trabajaba a buen ritmo. Había conseguido aislarse de toda distracción, ni siquiera las constantes sirenas de los vehículos de emergencias conseguían desconcentrarle. La calidad de su manuscrito era casi nula, poco más que una mezcla de ideas desordenadas, pero él se sentía como si fuera el Stephen King del Bronx.

—¡Freddy! —berre√≥ Billy.
—¿Qu√© pasa ahora? —Sobresaltado, golpe√≥ dos teclas a la vez y quedaron enganchadas. Asom√≥ la cabeza desde la cocina y comprob√≥ como Billy Bob intentaba arrancar algo del fondo de su tabique nasal, y pens√≥ que, por la insistencia, podr√≠a ser perfectamente un trozo de hormig√≥n armado.
—Han pillado a un tipo —dijo manteniendo el dedo insertado hasta casi la segunda falange—, que mat√≥ a una ni√Īa hace cuarenta y cinco a√Īos. ¿No es flipante que lo hayan encontrado ahora? —La pronunciaci√≥n nasalizada junto con la falta de varias piezas dentales eran dignas de un n√ļmero circense.
—Joder Billy, eso que est√°s haciendo es asqueroso. Y deber√≠as darte una ducha, t√≠o. Hueles raro, como a perro mojado —Freddy intent√≥ abstraerse de nuevo y comenz√≥ a teclear con buen ritmo. Billy se qued√≥ boquiabierto sin saber qu√© decir.
—Oh, lo siento —dijo por fin Billy. Sac√≥ el dedo impregnado con un humor acuoso, lo observ√≥ y se lo limpi√≥ en el pantal√≥n, haci√©ndolo rodar a un lado y a otro—. Disculpe su majestad si le he molestado.

Intent√≥ realizar una reverencia, pero su enorme barriga le imped√≠a despegar la espalda del sof√°, y en su lugar expeli√≥ un peque√Īo eructo. Con gran esfuerzo y tomando impulso, se puso de pie y se acerc√≥ a la √ļnica ventana que hab√≠a en el apartamento. Tap√°ndose un agujero de la nariz expuls√≥ una flema por el otro, y qued√≥ expuesta sobre el alf√©izar.

—¡Vaya chico! ¡Parece una mierda de gaviota! —rio Billy dejando botar su tremenda panza.
—¡Venga ya, hombre! —dijo Freddy y liber√≥ un pu√Īetazo sobre la mesa de la cocina—. ¿Podr√≠as comportarte como un ser humano por una vez en la vida? Algunos intentamos hacer algo con nuestro tiempo —dijo golpeando con el dorso de la mano la hoja de la m√°quina de escribir.
—¡Tranquilito muchacho! No te alteres. Te recuerdo que est√°s en mi casa y aqu√≠ hago lo que me da la gana. Como si me quiero poner a mear en mitad del sal√≥n. ¿Entiendes? Y si no te gusta, puedes irte a tomar por culo. Ya me dir√°s qu√© encuentras por cincuenta pavos al mes.
—Puedes estar seguro de que si pudiera, ya me habr√≠a marchado hace tiempo.
—Pues si no te vas a ir, cierra el puto pico y sigue escribiendo tu mierda de libro. A ver si te haces rico y me pagas lo que me debes de una puta vez… ¡Joder!

Billy Bob se dejó caer sobre el asiento central, que tenía un color más oscuro debido a la suciedad. Dos latas de cerveza cayeron al suelo, y una cortina de polvo quedó flotando alrededor del sofá, como si acabara de aterrizar un ángel de doscientos kilos recién caído del cielo.
A esas alturas de la tarde, Freddy hab√≠a abandonado la idea de continuar escribiendo, y se preguntaba cu√°ndo llegar√≠a la pr√≥xima ocurrencia de Billy. El comentario no se hizo esperar.

—Oh joder Freddy, esto s√≠ que tienes que verlo. Dicen que un tan Elon Nosequ√© se ha convertido en la persona m√°s rica del mundo. ¿Est√°s oyendo? El t√≠o este, dice que va a colonizar Marte, tronco. ¡Marte! ¿Estamos locos? —dijo Billy y solt√≥ una risita que acab√≥ en una serie de peque√Īos gru√Īidos—. Estoy seguro de que si yo lo fuera har√≠a exactamente lo mismo.
—¿Si fueras qu√©? ¿Rico? Ni naciendo tres veces conseguir√≠as despegarte de ese maldito sof√°. —Freddy se fij√≥ en las manchas grasientas del tapizado y empez√≥ a picarle la cabeza—. Creo que tu √ļltimo trozo de dignidad, se te qued√≥ atrapado en la raja del culo hace a√Īos y todav√≠a no has conseguido sacarlo.
—Oye Freddy, me est√°s empezando a tocar los huevos —dijo Billy Bob poniendo una cara tan seria que hasta los voluminosos mofletes le colgaban.
—¿Tocarte los huevos? ¡Oh, no! Si quisiera tocarte los huevos necesitar√≠a una pala para levantar tus lorzas, y ni aun as√≠ podr√≠a encontrarlos.
Freddy se sentía como si sus personajes se hubieran apropiado de su voz y deseaba continuar con aquella pugna dialéctica.
—Te lo digo en serio Freddy —Casi tartamudeaba al hablar—. No me gusta que me hables as√≠.
—¿Pues sabes lo que te digo? —Mir√≥ la cara de Billy Bob, repar√≥ en sus vidriosos ojos y recapacit√≥. Se sent√≥ de nuevo frente a la Olivetti, absorto en sus pensamientos. Tal vez hab√≠a llegado el momento de abandonar aquel proyecto.

Jam√°s llegar√≠a a ser un escritor de √©xito. Buscaba una soluci√≥n, algo que le dijera como continuar adelante. Sin embargo la soluci√≥n le encontr√≥ a √©l, en forma de una pesada lata que golpe√≥ su ceja izquierda. Freddy solt√≥ un largo grito de dolor.
—¡S√≠! ¡Justo en el blanco! —Billy re√≠a a carcajadas.
Freddy se levantó en silencio palpando el hilillo de sangre que manaba de su ceja. Sin mediar palabra, sacó una gran bolsa de deporte del armario y empezó a meter sus pertenencias empezando por la vieja máquina.
—¿Qu√© haces pedazo de mierda con ojos?
—¿Qu√© crees que hago? Me acabas de tirar una lata a la cabeza, me voy de aqu√≠, Billy. Si es necesario dormir√© en la calle, pero tengo que acabar con esto.
—Oh no, no, no. T√ļ no te vas a ir hasta que me pagues los doscientos pavos que me debes.
—¡No tengo doscientos d√≥lares, Billy! Y lo sabes muy bien.
—¡Desgraciado, no te vas a ir a ning√ļn sitio!
—Cuando los consiga te los har√© llegar de alguna manera, no te preocupes. T√ļ sigue comiendo hamburguesas y bebiendo como un cerdo en tu trono de ro√Īa 
—dijo mientras segu√≠a llenando la bolsa, sin levantar la vista.

Freddy no se dio cuenta de que Billy Bob hab√≠a introducido su mano en el hueco del sof√°. Buscaba algo entre trozos de comida, envoltorios de hamburguesa enmohecidos y restos humanos de diversa procedencia. Cuando sac√≥ el 38 llevaba uno de los papeles pegado y tuvo que quit√°rselo para poder amartillarlo. Freddy no se percat√≥ de la escena, y debido al elevado volumen del televisor, tampoco escuch√≥ el arma prepar√°ndose para disparar. Lo √ļnico que sinti√≥ fue el fuerte estallido en su oreja y un ardor penetrante.

—¡Maldito loco hijo de puta! ¿Pero qu√© co√Īo haces? —dijo presionando con la mano la poca oreja que le quedaba.
—Tiro al blanco. —Sac√≥ la lengua y cerr√≥ un ojo apuntando al centro del cr√°neo. Freddy tumb√≥ la mesa y se escondi√≥ detr√°s. El disparo revent√≥ una vidriera que salt√≥ en mil pedazos—. Puedes esconderte cabroncete, pero tengo una caja entera de munici√≥n —dijo disparando una y otra vez sobre el mobiliario. Uno de los impactos atraves√≥ la mesa y alcanz√≥ el gemelo izquierdo de Freddy.
—¡Maldito cabr√≥n! ¡Me has jodido la pierna!

Freddy quiso contar los disparos, al menos eso tenía entendido que había que hacer en estos casos, pero su cerebro no se encontraba para tales menesteres. Cada vez que el 38 vomitaba fuego el tronido era ensordecedor. Notaba cómo le palpitaba el gemelo. La sangre de la oreja bajaba por su cuello y le corría por el costado. Aquello no era una película, ni un libro de ficción, era la jodida vida real. Hubo una pausa en los disparos y supo que Billy estaba recargando. Con dificultad consiguió levantarse y alcanzar un gran cuchillo de la cocina. La pierna le ardía, y se tuvo que arrastrar para colocarse detrás del sofá. La afilada arma le temblaba entre las manos. Las sirenas de policía se escuchaban en la distancia, atenuadas por el ruido del televisor, y parecían ser varios coches patrulla. En pocos segundos estarían allí.

Supuso que Billy ya habría recargado el revólver y, en efecto, las detonaciones no tardaron en sucederse. Uno detrás de otro, los siete disparos fueron atravesando el respaldo del sofá, pero por suerte ninguno le alcanzó. No entendía mucho de armas, pero supuso que el revolver tendría ocho cartuchos y que ese cabrito se había guardado una bala. La policía ya estaba en la calle, y pronto subirían al apartamento. Podía oír como se apagaban las sirenas de los vehículos conforme iban llegando. Tras unos instantes alguien empezó a golpear la puerta con insistencia.

Era ahora o nunca.

Freddy apret√≥ los dientes, se arrastr√≥ rodeando el sof√° y se puso de pie con el televisor detr√°s. Billy se qued√≥ at√≥nito. Se hab√≠a tumbado para disparar a trav√©s del sof√° y esperaba a que Freddy asomara la cabeza por encima, pero ahora estaba a su lado y Billy no ten√≠a √°ngulo de tiro. Intent√≥ cambiarse el arma de mano, aquel cabr√≥n ven√≠a a por √©l. Freddy ten√≠a los ojos inexpresivos, vac√≠os. Agarr√≥ el cuchillo con ambas manos y se lo hundi√≥ en el pecho con todas sus fuerzas. Cuando lo solt√≥ solo se ve√≠a el mango cubierto de sangre, los veinte cent√≠metros de hoja estaban dentro de Billy. El revolver se dispar√≥ y la periodista de la televisi√≥n al fin se call√≥.

Freddy sangraba, pero estaba contento. Y no porque siguiera con vida, sino porque una de las dos cosas que más deseaba, por fin se materializó aquel día.


Imagen de Roy Buri en Pixabay 


"Estoy seguro de que si yo lo fuera haría exactamente lo mismo." Frase extraída de la novela: El guardián entre el centeno.

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