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Novela destacada

VLAD

En la aislada ciudad de Yurga, donde los ecos de la antigua Uni贸n Sovi茅tica resuenan con demasiada intensidad, Vlad se oculta de los fantasmas del pasado. El retiro que saborea se ve truncado por una mujer que lo pone todo patas arriba: una bella ucraniana de pelo rubio, Svetlana, de la que cuentan historias casi incre铆bles... Saber m谩s.

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EL ESCRITOR

Publicado el 19 de FEBRERO de 2021 a las 20:00 h

Una de las dos cosas que m谩s ansiaba Freddy, se iba a materializar por fin aquel caluroso d铆a. Anhelaba escribir un buen libro, repleto de protagonistas que convertir铆a en h茅roes y malos terror铆ficos que hicieran temblar al mism铆simo Michael Myers, pensaba que de ese modo, podr铆a sentirse como si fuera un Dios; y quitarle la vida a alguien quedando totalmente impune.

En cambio, Billy Bob lo 煤nico que anhelaba era el relleno de su sof谩. Situado en mitad de la peque帽a sala, dedicaba gran parte del d铆a a descansar all铆 sus protuberantes nalgas. Se sentaba en el asiento central, con una botella de dos litros de Coca-Cola entre las piernas. A su lado crec铆a una monta帽a de latas de cerveza, que luchaba por no caerse al suelo. Aquella tarde, Billy Bob acababa de llevarse a su hediondo trono un paquete de seis cervezas bien fr铆as, y el televisor a todo volumen le ten铆a embelesado.

—¡Freddy, tienes que ver esto! —grit贸 Billy a su compa帽ero de piso con su aguda vocecita.

Cuando la noticia salt贸 a la pantalla, Freddy estaba sentado en la cocina. Golpeaba con fuerza las teclas de su antigua Olivetti y su cerebro trabajaba a buen ritmo. Hab铆a conseguido aislarse de toda distracci贸n, ni siquiera las constantes sirenas de los veh铆culos de emergencias consegu铆an desconcentrarle. La calidad de su manuscrito era casi nula, poco m谩s que una mezcla de ideas desordenadas, pero 茅l se sent铆a como si fuera el Stephen King del Bronx.

—¡Freddy! —berre贸 Billy.

—¿Qu茅 pasa ahora? —Sobresaltado, golpe贸 dos teclas a la vez y quedaron enganchadas. Asom贸 la cabeza desde la cocina y comprob贸 como Billy Bob intentaba arrancar algo del fondo de su tabique nasal, y pens贸 que, por la insistencia, podr铆a ser perfectamente un trozo de hormig贸n armado.

—Han pillado a un tipo —dijo manteniendo el dedo insertado hasta casi la segunda falange—, que mat贸 a una ni帽a hace cuarenta y cinco a帽os. ¿No es flipante que lo hayan encontrado ahora? —La pronunciaci贸n nasalizada junto con la falta de varias piezas dentales eran dignas de un n煤mero circense.

—Joder Billy, eso que est谩s haciendo es asqueroso. Y deber铆as darte una ducha, t铆o. Hueles raro, como a perro mojado —Freddy intent贸 abstraerse de nuevo y comenz贸 a teclear con buen ritmo. Billy se qued贸 boquiabierto sin saber qu茅 decir.

—Oh, lo siento —dijo por fin Billy. Sac贸 el dedo impregnado con un humor acuoso, lo observ贸 y se lo limpi贸 en el pantal贸n, haci茅ndolo rodar a un lado y a otro—. Disculpe su majestad si le he molestado.

Intent贸 realizar una reverencia, pero su enorme barriga le imped铆a despegar la espalda del sof谩, y en su lugar expeli贸 un peque帽o eructo. Con gran esfuerzo y tomando impulso, se puso de pie y se acerc贸 a la 煤nica ventana que hab铆a en el apartamento. Tap谩ndose un agujero de la nariz expuls贸 una flema por el otro, y qued贸 expuesta sobre el alf茅izar.

—¡Vaya chico! ¡Parece una mierda de gaviota! —rio Billy dejando botar su tremenda panza.
—¡Venga ya, hombre! —dijo Freddy y liber贸 un pu帽etazo sobre la mesa de la cocina—. ¿Podr铆as comportarte como un ser humano por una vez en la vida? Algunos intentamos hacer algo con nuestro tiempo —dijo golpeando con el dorso de la mano la hoja de la m谩quina de escribir.
—¡Tranquilito muchacho! No te alteres. Te recuerdo que est谩s en mi casa y aqu铆 hago lo que me da la gana. Como si me quiero poner a mear en mitad del sal贸n. ¿Entiendes? Y si no te gusta, puedes irte a tomar por culo. Ya me dir谩s qu茅 encuentras por cincuenta pavos al mes.
—Puedes estar seguro de que si pudiera, ya me habr铆a marchado hace tiempo.
—Pues si no te vas a ir, cierra el puto pico y sigue escribiendo tu mierda de libro. A ver si te haces rico y me pagas lo que me debes de una puta vez… ¡Joder!

Billy Bob se dej贸 caer sobre el asiento central, que ten铆a un color m谩s oscuro debido a la suciedad. Dos latas de cerveza cayeron al suelo, y una cortina de polvo qued贸 flotando alrededor del sof谩, como si acabara de aterrizar un 谩ngel de doscientos kilos reci茅n ca铆do del cielo.

A esas alturas de la tarde, Freddy hab铆a abandonado la idea de continuar escribiendo, y se preguntaba cu谩ndo llegar铆a la pr贸xima ocurrencia de Billy. El comentario no se hizo esperar.

—Oh joder Freddy, esto s铆 que tienes que verlo. Dicen que un tan Elon Nosequ茅 se ha convertido en la persona m谩s rica del mundo. ¿Est谩s oyendo? El t铆o este, dice que va a colonizar Marte, tronco. ¡Marte! ¿Estamos locos? —dijo Billy y solt贸 una risita que acab贸 en una serie de peque帽os gru帽idos—. Estoy seguro de que si yo lo fuera har铆a exactamente lo mismo.
—¿Si fueras qu茅? ¿Rico? Ni naciendo tres veces conseguir铆as despegarte de ese maldito sof谩. —Freddy se fij贸 en las manchas grasientas del tapizado y empez贸 a picarle la cabeza—. Creo que tu 煤ltimo trozo de dignidad, se te qued贸 atrapado en la raja del culo hace a帽os y todav铆a no has conseguido sacarlo.
—Oye Freddy, me est谩s empezando a tocar los huevos —dijo Billy Bob poniendo una cara tan seria que hasta los voluminosos mofletes le colgaban.
—¿Tocarte los huevos? ¡Oh, no! Si quisiera tocarte los huevos necesitar铆a una pala para levantar tus lorzas, y ni aun as铆 podr铆a encontrarlos.
Freddy se sent铆a como si sus personajes se hubieran apropiado de su voz y deseaba continuar con aquella pugna dial茅ctica.
—Te lo digo en serio Freddy —Casi tartamudeaba al hablar—. No me gusta que me hables as铆.
—¿Pues sabes lo que te digo? —Mir贸 la cara de Billy Bob, repar贸 en sus vidriosos ojos y recapacit贸. Se sent贸 de nuevo frente a la Olivetti, absorto en sus pensamientos. Tal vez hab铆a llegado el momento de abandonar aquel proyecto.

Jam谩s llegar铆a a ser un escritor de 茅xito. Buscaba una soluci贸n, algo que le dijera como continuar adelante. Sin embargo la soluci贸n le encontr贸 a 茅l, en forma de una pesada lata que golpe贸 su ceja izquierda. Freddy solt贸 un largo grito de dolor.
—¡S铆! ¡Justo en el blanco! —Billy re铆a a carcajadas.
Freddy se levant贸 en silencio palpando el hilillo de sangre que manaba de su ceja. Sin mediar palabra, sac贸 una gran bolsa de deporte del armario y empez贸 a meter sus pertenencias empezando por la vieja m谩quina.
—¿Qu茅 haces pedazo de mierda con ojos?
—¿Qu茅 crees que hago? Me acabas de tirar una lata a la cabeza, me voy de aqu铆, Billy. Si es necesario dormir茅 en la calle, pero tengo que acabar con esto.
—Oh no, no, no. T煤 no te vas a ir hasta que me pagues los doscientos pavos que me debes.
—¡No tengo doscientos d贸lares, Billy! Y lo sabes muy bien.
—¡Desgraciado, no te vas a ir a ning煤n sitio!
—Cuando los consiga te los har茅 llegar de alguna manera, no te preocupes. T煤 sigue comiendo hamburguesas y bebiendo como un cerdo en tu trono de ro帽a —dijo mientras segu铆a llenando la bolsa, sin levantar la vista.

Freddy no se dio cuenta de que Billy Bob hab铆a introducido su mano en el hueco del sof谩. Buscaba algo entre trozos de comida, envoltorios de hamburguesa enmohecidos y restos humanos de diversa procedencia. Cuando sac贸 el 38 llevaba uno de los papeles pegado y tuvo que quit谩rselo para poder amartillarlo. Freddy no se percat贸 de la escena, y debido al elevado volumen del televisor, tampoco escuch贸 el arma prepar谩ndose para disparar. Lo 煤nico que sinti贸 fue el fuerte estallido en su oreja y un ardor penetrante.

—¡Maldito loco hijo de puta! ¿Pero qu茅 co帽o haces? —dijo presionando con la mano la poca oreja que le quedaba.
—Tiro al blanco. —Sac贸 la lengua y cerr贸 un ojo apuntando al centro del cr谩neo. Freddy tumb贸 la mesa y se escondi贸 detr谩s. El disparo revent贸 una vidriera que salt贸 en mil pedazos—. Puedes esconderte cabroncete, pero tengo una caja entera de munici贸n —dijo disparando una y otra vez sobre el mobiliario. Uno de los impactos atraves贸 la mesa y alcanz贸 el gemelo izquierdo de Freddy.
—¡Maldito cabr贸n! ¡Me has jodido la pierna!

Freddy quiso contar los disparos, al menos eso ten铆a entendido que hab铆a que hacer en estos casos, pero su cerebro no se encontraba para tales menesteres. Cada vez que el 38 vomitaba fuego el tronido era ensordecedor. Notaba c贸mo le palpitaba el gemelo. La sangre de la oreja bajaba por su cuello y le corr铆a por el costado. Aquello no era una pel铆cula, ni un libro de ficci贸n, era la jodida vida real. Hubo una pausa en los disparos y supo que Billy estaba recargando. Con dificultad consigui贸 levantarse y alcanzar un gran cuchillo de la cocina. La pierna le ard铆a, y se tuvo que arrastrar para colocarse detr谩s del sof谩. La afilada arma le temblaba entre las manos. Las sirenas de polic铆a se escuchaban en la distancia, atenuadas por el ruido del televisor, y parec铆an ser varios coches patrulla. En pocos segundos estar铆an all铆.

Supuso que Billy ya habr铆a recargado el rev贸lver y, en efecto, las detonaciones no tardaron en sucederse. Uno detr谩s de otro, los siete disparos fueron atravesando el respaldo del sof谩, pero por suerte ninguno le alcanz贸. No entend铆a mucho de armas, pero supuso que el revolver tendr铆a ocho cartuchos y que ese cabrito se hab铆a guardado una bala. La polic铆a ya estaba en la calle, y pronto subir铆an al apartamento. Pod铆a o铆r como se apagaban las sirenas de los veh铆culos conforme iban llegando. Tras unos instantes alguien empez贸 a golpear la puerta con insistencia.

Era ahora o nunca.

Freddy apret贸 los dientes, se arrastr贸 rodeando el sof谩 y se puso de pie con el televisor detr谩s. Billy se qued贸 at贸nito. Se hab铆a tumbado para disparar a trav茅s del sof谩 y esperaba a que Freddy asomara la cabeza por encima, pero ahora estaba a su lado y Billy no ten铆a 谩ngulo de tiro. Intent贸 cambiarse el arma de mano, aquel cabr贸n ven铆a a por 茅l. Freddy ten铆a los ojos inexpresivos, vac铆os. Agarr贸 el cuchillo con ambas manos y se lo hundi贸 en el pecho con todas sus fuerzas. Cuando lo solt贸 solo se ve铆a el mango cubierto de sangre, los veinte cent铆metros de hoja estaban dentro de Billy. El revolver se dispar贸 y la periodista de la televisi贸n al fin se call贸.

Freddy sangraba, pero estaba contento. Y no porque siguiera con vida, sino porque una de las dos cosas que m谩s deseaba, por fin se materializ贸 aquel d铆a.

"Estoy seguro de que si yo lo fuera har铆a exactamente lo mismo." — Frase extra铆da de la novela: El guardi谩n entre el centeno.
M谩quina de escribir

Imagen de Roy Buri en Pixabay

¡Un abrazo, lectores!

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