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VLAD

En la aislada ciudad de Yurga, donde los ecos de la antigua Uni贸n Sovi茅tica resuenan con demasiada intensidad, Vlad se oculta de los fantasmas del pasado. El retiro que saborea se ve truncado por una mujer que lo pone todo patas arriba: una bella ucraniana de pelo rubio, Svetlana, de la que cuentan historias casi incre铆bles... Saber m谩s.

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BUENOS AMIGOS

Publicado el 27 de AGOSTO de 2021 a las 17:00 h

Jerome, Vincent, Frankie y Darrell no eran los mejores amigos de clase, ni tan siquiera eran compa帽eros de pupitre, sin embargo, aquel mediod铆a de octubre decidieron entrar en la propiedad del se帽or Williams para hacer el imb茅cil, como m谩s tarde admitieron.

De los cuatro, tal vez Frankie, la peque帽a sabandija con cuatro ojos que te escup铆a a la cara si te met铆as con 茅l, y Darrell, el simp谩tico regordete que cumpl铆a a la perfecci贸n su papel de payaso oficial de clase, eran los 煤nicos que compart铆an afici贸n, ya que ambos entrenaban a f煤tbol todos los s谩bados por la ma帽ana. Darrell no era muy 谩gil, y no sol铆a llegar con facilidad a los pases largos, pero si alcanzaba el bal贸n no hab铆a quien parase un derechazo suyo. Frankie nunca iba a ser buen jugador, al menos eso dec铆a su padre, quien le obligaba a asistir a los entrenamientos con mano de hierro. Es por ese motivo que Frankie sent铆a cierta admiraci贸n por Darrell, el simp谩tico gordito que marcaba goles como soles.

Vincent, por su parte, era el m谩s normal de los cuatro. No se met铆a en discusiones innecesarias y sol铆a ir a su bola. Le encantaban los juegos de cartas, los cuales compart铆a con cualquier compa帽ero de clase, fuese ni帽o o ni帽a, aunque, en realidad, solo a un par de chicas les gustaba jugar a las cartas de coches.

Se la jugaban a cu谩l era el m谩s r谩pido, el m谩s largo o cu谩l pesaba m谩s. Hasta todos en clase conoc铆an al Jaguar XJ-S por el nombre de la “Vaca”, por sus incre铆bles 1.760 kilos de peso. Cuando les tocaba la “Vaca” siempre esperaban hasta que el rival ca铆a en la trampa y se la jugaba a peso, ya que ning煤n otro coche de la baraja era tan pesado como el Jaguar. Ese era Vincent, un chico normal que lo 煤nico extravagante que hac铆a era jugar a las cartas y lanzar piedras a los coches que pasaban por la autopista, aunque esto segundo no lo hac铆a todos los d铆as, porque los jueves su madre iba a recogerlo a la puerta del colegio en un viejo utilitario color verde oliva.

Y Jerome, bueno, era Jerome. Un muchacho de esos que cuesta hasta mirar a los ojos, y tal vez por ese motivo pensaron que no habr铆a ning煤n problema en comentar lo de la casa delante de 茅l. El chaval estar铆a con la cabeza en otro sitio, y si por casualidad les escuchaba no les iba a seguir el rollo.

—¿Vais a entrar? —pregunt贸 Jerome a bocajarro.

—¿Es que quieres venir? —inquiri贸 Frankie risue帽o, pensando que Jerome rechazar铆a la oferta. La idea de entrar en la propiedad abandonada hab铆a nacido de Darrell, pero no tuvo que rogar mucho a Frankie para que se le uniera a la aventura, quien pronto la hizo suya.

—Vale —contest贸 Jerome—, voy con vosotros.

—¿C贸mo que vale? —musit贸 Darrell, y su compa帽ero le propin贸 un codazo—. ¡Ah! ¡Gilipollas!

—Mi padre dice que cuando vayas a cometer un delito siempre tienes que tener a alguien a quien echarle la culpa —expuso Frankie subi茅ndose las gafas.

—¿Y me la vais a echar a m铆, cacho de pringaos? —dijo Jerome.

—Bueno, ser铆a una opci贸n —contest贸 Darrell—, y visto as铆 nos vendr铆a bien que entrases con nosotros. No sabemos lo que nos vamos a encontrar ah铆 dentro.

—¿No hab茅is entrado nunca?

—¿T煤 s铆?

Jerome solt贸 una risita y record贸 todas las veces que hab铆a meado desde lo alto del tejado de la mansi贸n Williams.

—Una o dos… —hizo una pausa— Cientas veces.

—¿Lo ves? —dijo Frankie sacudiendo el brazo de Darrell—. Tiene que venir.

—Mirad, genios. Por all铆 viene vuestra coartada —dijo Jerome.

Por la estrecha carretera sub铆a Vincent. Llevaba un paso cansino y, mientras silbaba una melod铆a inventada, iba recogiendo piedras de la orilla del camino con las que casi ya llenaba sus bolsillos.

—¡Eh, Vincent! —grit贸 Frankie, y Darrell se retuvo para no propinar un nuevo codazo a su colega el chivato. Total, ya daba igual.

—¡Vincent! ¿Te apuntas? —dijo Darrell se帽alando la casa.

—Tengo que irme a reventar coches a pedradas —pens贸. Sin embargo, recapacit贸 un segundo y record贸 que los 煤ltimos d铆as hab铆a visto un coche de la poli dar demasiadas vueltas alrededor de la autopista. Tal vez era un buen momento para tomarse un descanso, y aquellos ventanales parec铆an casi intactos—. Bueno. ¿Hab茅is entrado alguna vez?

Darrell y Frankie negaron con la cabeza casi de manera imperceptible y Jerome se limit贸 a explotar un globito de chicle, aunque para Vincent la respuesta era obvia.

—Es curioso c贸mo la maldad atrae a todo tipo de criaturas —sentenci贸 Jerome y volvi贸 a explotar el chicle de fresa que qued贸 pegado en su nariz.

—Vamos —dijo Darrell, quien entr贸 el primero, y todos los dem谩s le siguieron.

Tras discutir durante un buen rato, dejaron a Vincent lanzando piedras contra los cristales de la mansi贸n Williams. Aquel chaval parec铆a no querer comprender que si alguien pasaba por all铆 y escuchaba el ruido de los cristales, estar铆an en problemas, de modo que los otros tres inspeccionaron el resto de la propiedad.

—¿Hab茅is visto la piscina? —dijo Jerome y no esper贸 a la respuesta—. Bueno, claro. Si no hab茅is entrado nunca, cacho pringaos. Venid y ver茅is, vais a flipar.

La enorme piscina estaba rodeada de vegetaci贸n que hab铆a proliferado de manera salvaje hasta cubrir parte del adoquinado. En el interior descansaban multitud de ramas rotas, pl谩sticos y escombros que alguien hab铆a arrojado. Caminaban por el borde, esquivando las ra铆ces que lo cruzaban, descolg谩ndose por la pared hasta el fondo, en busca de los ocasionales charcos de agua que se formaban tras las lluvias. Al girar la segunda de las esquinas Jerome se帽al贸 varios tablones que se entrecruzaban en la base de la piscina.

—¿A qu茅 huele? —pregunt贸 Darrell.

—Es repugnante. Huele peor que en los vestuarios un d铆a de partido —asever贸 Frankie—. Si me caigo ah铆 dentro, o me muero del golpe o me muero de asco. ¿Por qu茅 apesta tanto?

—¿No lo veis? Hay un perro muerto en esa esquina —anunci贸 Jerome.

—¡Puaj! —La cara de Frankie se retorci贸 en una mueca de aversi贸n—. ¿Crees que cay贸 por accidente y muri贸 de la ca铆da?

—Tal vez muri贸 de hambre —apunt贸 Darrell y le rugi贸 su est贸mago al pensar en comida.

—¿No veis el collar? —dijo Jerome se帽alando fuera de la piscina, apuntando directamente entre los 谩rboles—. Creo que alg煤n hijo de puta se ha querido librar de ese chucho y lo ha hecho arroj谩ndolo ah铆. Estoy seguro de que se lo ha quitado por si alguien lo encontraba.

—Pobre bicho —dijo Frankie y se meti贸 entre los 谩rboles para recoger el collar amarillo.

—¿Sab茅is lo que har铆a yo si me encontrase con ese tipo? —Los otros dos se encogieron de hombros—. Le dar铆a una buena paliza hasta que tirase los intestinos por la boca.

Frankie tir贸 el collar sobre el perro, quien hab铆a sido consumido casi al completo por un ej茅rcito de gusanos, incluso alguno de ellos todav铆a holgazaneaba entre pelos y huesos. La piel del morro del animal se hab铆a retra铆do de tal manera que los colmillos quedaban al descubierto a perpetuidad en una suerte de diab贸lica sonrisa. Jerome se dispon铆a a lanzar un palito al cad谩ver del animal cuando una voz les alert贸 sobremanera.

—¡Corred! ¡Nos han pillado!

Era Vincent, que corr铆a tan r谩pido que los talones le pegaban en el culo y de sus zapatillas sal铆an catapultados pegotes de barro con cada zancada.

—¡V谩monos, v谩monos! —grit贸 Frankie corriendo por el borde, mientras esquivaba la prominente vegetaci贸n, en busca de un hueco que les permitiese salir de la piscina. Darrell le segu铆a de cerca. Vincent pas贸 por el lado de Jerome y este se uni贸 a la huida, con tan mala suerte, que su pie se enred贸 en una de las ra铆ces y cay贸 realizando una pirueta que le dej贸 tendido bocabajo.

Su cuerpo inerte se encontraba en la parte m谩s honda, sobre tableros y ramas. Los otros tres observaban boquiabiertos desde arriba. Si alguien le hubiera preguntado a cualquiera de los tres qui茅n fue el primero en salir corriendo, ninguno de ellos hubiera sido capaz de responder, porque todos se apresuraron a abandonar la propiedad sin mirar atr谩s.

—Lleva tres d铆as sin venir a clase, t铆o. Te digo que est谩 muerto. Y todo por tu magn铆fica idea de hacer el imb茅cil en esa maldita casa.

—No seas cafre, Frankie. Estar谩… —dud贸, porque en el fondo tambi茅n cre铆a que Jerome la hab铆a palmado—. Estar谩 en casa con el brazo roto o algo as铆. Eso es todo.

—No, Darrell. Sabes que eso no es todo. Todos en clase se preguntan por qu茅 no ha aparecido desde el martes. ¿Y si sus padres lo est谩n buscando? ¿Y si todav铆a sigue all铆, pudri茅ndose igual que aquel perro? ¡Oh, mierda! Estamos jodidos, Frankie.

—¡C谩llate, idiota! ¿No crees que si hubiera desaparecido, la se帽orita Gibson ya nos habr铆a preguntado si sab铆amos algo de 茅l? Eso es. —Concluy贸—. No ha dicho nada porque sabe que est谩 en casa.

—¿Y por qu茅 no vamos a verlo?

—¿T煤 sabes d贸nde vive?

—No.

—¿Pues entonces qu茅 dices? Pirao.

—¿Pero y si est谩 muerto?

—¡Y dale con el muerto! Puto cuatro ojos… —dijo Darrell y Frankie se dispuso a escupirle en la cara.

—¡Hola, chicos! —dijo Vincent tocando a Darrell por el hombro y el chico solt贸 un grito agudo, como el de las chicas cuando ven una cucaracha en el cuarto de ba帽o.

Frankie explot贸 a carcajadas mientras su amigo recuperaba la respiraci贸n con las manos apoyadas sobre sus muslos.

—¡Le has dado un buen susto! —dijo Frankie y continu贸 riendo.

—¿Entramos? —pregunt贸 Vincent—. La se帽orita Gibson acaba de aparcar el coche y viene directa hacia nosotros.

—Esperad un momento —dijo Darrell—. ¡Mirad! ¿Aquel del pasillo no es Jerome?

—¡Por los clavos de Cristo! —grit贸 la se帽orita Gibson desde el exterior de la clase mientras hablaba con otra profesora. Los chavales la escucharon perfectamente a pesar de que el griter铆o en el aula era considerable—. ¿Pero est谩 bien? Quiero decir… Dentro de la gravedad de la ca铆da, ¿se va a recuperar?

La otra profesora se percat贸 de que la mayor铆a de los alumnos ya se hab铆a callado y escuchaba con atenci贸n. Se aproxim贸 a Gibson y le susurr贸 algo en el o铆do. Se despidieron y entr贸 en el aula.

—Sentaos, por favor.

Los pocos que quedaban hablando abandonaron sus conversaciones y miraron a la profesora. Frankie, Darrell y Vincent observaban a Jerome absortos. Sentado en su sitio, sus manos descansaban sobre el pupitre como si estuviera esperando algo. Su ropa estaba sucia y su cabeza inclinada hacia delante obligaba a adivinar su expresi贸n de enfado.

—Tengo una espantosa noticia que anunciaros —dijo Gibson—. Al parecer, el director Anderson ha sufrido un desagradable accidente. Esta ma帽ana se ha ca铆do por las escaleras de su casa y tiene graves da帽os internos.

—¿Se ha roto una pierna? —pregunt贸 la voz de una chica. Gibson ote贸 sobre las cabezas, pero no pudo identificar a la autora de la pregunta.

—No. Es como, bueno. Como si le hubieran dado una paliza. —El alboroto fue general excepto para los tres chavales que continuaban sin apartar la vista de Jerome, quien ahora parec铆a sonre铆r—. Ya enviaremos una nota a vuestros padres para m谩s explicaciones. Tenemos que empezar la clase de biolog铆a aunque nos cueste, s茅 que es dif铆cil concentrarse despu茅s de la noticia, pero vamos a intentarlo.

La misma profesora que hablaba con Gibson minutos antes abri贸 la puerta sin los protocolarios dos golpecitos que sol铆an dar los profesores. A Vincent, que se sentaba en primera fila, le parec铆a absurdo que tocaran a la puerta para pedir permiso, si iban a entrar igualmente sin esperar respuesta. La profesora pas贸 por delante de 茅l y se situ贸 en medio de la pizarra sin atender la expresi贸n estupefacta de Gibson.

—¿Y ahora qu茅? —pregunt贸 sin ganas de escuchar la respuesta.

—Hace tres d铆as, vuestro compa帽ero Jerome sufri贸 un accidente en la finca de los Williams. Ha estado muy, muy enfermo. Ha luchado con todas sus fuerzas, pero hoy nos ha dejado para siempre.

—Oh, Jes煤s —dijo Gibson y es todo lo que escuch贸 antes de que comenzasen los lloros, los gritos y los insultos al aire.

Ni siquiera escucharon cuando la otra profesora anunci贸 que se anulaban las clases, justo antes de salir del aula.

Darrell se orin贸 en su pupitre al comprobar que Jerome levantaba su cabeza y le se帽alaba con el dedo. La manga del jersey se le subi贸 y pudieron observar c贸mo en su mu帽eca llevaba enroscado con dos vueltas el collar amarillo del perro.

Casa abandonada de los Williams

Referencias y curiosidades:

• La "Vaca": El Jaguar XJ-S es un autom贸vil de gran turismo de lujo producido por el fabricante brit谩nico Jaguar entre 1975 y 1996.

"A bocajarro": De muy cerca. Tambi茅n, de improviso, sin preparaci贸n.

¡Un abrazo, lectores!

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Comentarios

  1. V铆ctor he entendido bien la historia ? Jerome era un fantasma? Porque si es as铆 es uno de los mejores finales que le铆do hasta ahora dentro de tus publicaciones 馃槻馃槻馃槻

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    1. Has entendido perfectamente la historia. ¡Te he pillado por sorpresa! 馃槃馃憦

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  2. El final de este relato con el relato de Jon谩s Chapo muy bueno, sorprendente ,alucinante me engancho con tu lectura

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    1. El de Jon谩s tambi茅n pilla por sorpresa. En este daba por hecho que no os iba a sorprender a todos, pero si te ha enga帽ado a ti todav铆a queda esperanza.馃

      Encantando de que est茅is ah铆 cada semana y que os enganchen mis relatos, que ahora son vuestros.

      Un fuerte abrazo.

      馃挭馃摉馃挋

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  3. V铆ctor a m铆 s铆 me has cogido...no lo entend铆a hasta que lo he visto en los comentarios y me he quedado con ganas de m谩s historia.馃樄. Sigue as铆...馃憢馃憦

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    1. Ay, ay, ay... Qu茅 dif铆cil es encontrar el t茅rmino medio. 馃槄

      Bueno, me alegro que finalmente lo hayas pillado. 馃憦馃徎

      Alargar m谩s la historia ya hubiera quedado un poco gore. Jerome apareciendo en mitad de la noche en la habitaci贸n de Darrell, para aplastarle la tr谩quea mientras le susurra algo al o铆do, por ejemplo, tal vez no aporte nada m谩s al relato... O s铆 馃ぃ

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  4. Muy bueno V铆ctor 馃憦馃徎 me qued茅 con ganas de m谩s. Imagino q el perro era del director y Jerome le dio una paliza por ello,es as铆???馃馃懟

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    1. As铆 es, Maril贸. Me satisface que os qued茅is siempre con ganas de m谩s, eso me hace coger energ铆as para la pr贸xima semana.

      Un abrazo fuerte.

      馃憦馃徎馃摉馃挋

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  5. Final sorprendente, aunque despu茅s de la siesta , he de confesar que lo he le铆do dos veces para entender la relaci贸n entre las dos muertes...o de las tres incluyendo al perro. Muy bueno .

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    1. ¡Muchas gracias, 脕ngeles!

      Quiz谩 no sea un relato para leer por encima, efectivamente. 馃槃 Enhorabuena por esa siesta. 馃憦馃徎馃ぃ

      Un abrazo. 馃槝馃摉馃挋

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  6. Muy buen relato con un final sorprendente. Me ha gustado mucho Victor.

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    1. Muchas gracias. Me encanta que os haya sorprendido el final y que os haya gustado tanto.

      馃憦馃徎馃摉馃挋

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