MICROCUENTOS: NAVIDADES GRISES






Abandonó el porche de la casa y estiró la mano. La oscuridad apenas le permitía ver los copos grises que descendían con lentitud, pero sentía cómo aterrizaban sobre su piel.

—Parece nieve, ¿verdad? —dijo Albert, desde atrás.

—Sí que lo parece —contestó Rob—, pero no lo es.

—No, no lo es —dijo, y abrió también la palma de su mano. Varios restos carbonizados de ceniza se posaron en su mano. Los aplastó y sus dedos se tiznaron de un color grisáceo—. Ya nunca nieva a final de año. Adoraba las navidades blancas.

—Ni a final de año ni nunca; en ningún lugar de la tierra.

Los dos se sentaron en el borde y observaron cómo el cielo se iba tiñendo de un color rojizo y el olor a restos carbonizados se volvía más intenso.

—Será mejor que entremos —concluyó Albert—, el sol está a punto de salir.
 



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