El cronista: la fusión entre IA y creatividad humana
Hay una pregunta recurrente que aparece cada vez que surge una nueva herramienta de inteligencia artificial: ¿cuánto tardará en sustituir al ser humano? Aunque, tal vez, la pregunta correcta sea otra. ¿Y si la utilizáramos para colaborar mejor, para ayudarnos a crear en lugar de reemplazarnos?
¡Hola, lectores!
Muchos de vosotros me preguntáis en qué estoy trabajando mientras esperáis la publicación de mi próxima novela de ciencia ficción.
Pues he de deciros que, aunque ya he terminado Fin de Ciclo, sigo escribiendo y desarrollando nuevos proyectos literarios. Durante las últimas semanas he dedicado una parte importante de mi tiempo a una idea diferente: un experimento de escritura colaborativa llamado El Cronista.
Y os preguntaréis... ¿Qué narices se le ha ocurrido a este tío ahora? Os lo cuento. No es una novela. No es una serie de relatos, ni una votación para ver lo que opináis. Tampoco un concurso literario.
Es un ayudante que nos permite crear una historia viva —que se construye en tiempo real entre varios autores— y que cualquier lector puede seguir desde el momento en que nace.
Y, quizá, también es una forma distinta de entender la relación entre creatividad e inteligencia artificial.

¿Otra obra escrita por inteligencia artificial?
Podría parecerlo, pero no.
Al fin y al cabo, vivimos rodeados de titulares sobre inteligencia artificial. Cada semana aparecen nuevas herramientas capaces de generar imágenes, artículos, vídeos o incluso novelas enteras a partir de una simple instrucción (los famosos prompt).
Nunca ha sido tan fácil producir contenido en masa.
Y quizá por eso mismo cada vez resulta más difícil encontrar aquello que realmente queremos leer.
Las plataformas se llenan de publicaciones generadas automáticamente, de textos que compiten por nuestra atención durante unos segundos antes de desaparecer bajo la siguiente ola de contenido. Genérico, superfluo, pero abundante.
Y en medio de esa carrera por producir más y más rápido, de saturar el mercado con publicaciones vacías que apartan a los escritores de verdad de su deseado sueño, El Cronista persigue algo diferente.
La IA no escribe esta historia.
Y eso es lo más importante de este proyecto. Una gran mayoría de escritores rechazamos la inteligencia artificial generativa, por eso esta historia la escriben personas, no máquinas.
He conseguido configurar una inteligencia artificial que actúa únicamente como cronista, coordinador y memoria del taller creativo de escritura colaborativa. Es como un juego donde todos participamos en la partida haciendo avanzar la historia. El Cronista organiza turnos, registra personajes, mantiene la continuidad narrativa y ayuda a que la historia conserve su coherencia mientras evoluciona.
En otras palabras, no intenta sustituir la creatividad humana. Intenta facilitar que varias personas puedan crear algo juntas, un relato memorable.
Una historia que se escribe ante tus ojos
La mayoría de las historias llegan a los lectores cuando ya están terminadas. Primero se planifican, después se escriben, se corrigen y, finalmente, se publican.
Con El Cronista ocurre justo lo contrario.
Los participantes escriben por turnos y cada nuevo fragmento pasa a formar parte de una historia en constante evolución. Los lectores pueden seguir el proceso prácticamente en tiempo real y descubrir la historia al mismo tiempo que quienes la están creando. Eso, para los que lleváis tiempo siguiéndome, sabéis que siempre me ha obsesionado; siempre he querido haceros partícipes de mi proceso de escritura. Pues ahora podéis ver la evolución de varios escritores al mismo tiempo.
No existe un autor único ni un guion cerrado. Cada intervención puede abrir nuevos caminos, plantear misterios inesperados o cambiar el rumbo de la narración.

¿Qué es exactamente El Cronista?
El Cronista es un sistema de escritura colaborativa que funciona a través de Telegram. Un bot alimentado con inteligencia artificial, muy bien diseñada para no interferir en la labor creativa.
Los participantes se unen a una partida y el sistema asigna turnos de escritura. Cada autor dispone de un tiempo limitado para aceptar el turno y escribir su aportación antes de que el relevo pase a otro participante.
Poco a poco, intervención tras intervención, la historia va creciendo, ganando profundidad. Nadie establece las tramas, nadie decide el destino de los personajes, no existe ninguna escaleta.
Divertido y sorprendente, te obliga a adaptarte todo el tiempo, y crear relatos con diferentes compañeros. Te reta a mantener la cabeza activa de formas desafiantes.Francisco J. Garrido Martín
El papel de la inteligencia artificial
La IA no escribe la historia. Los autores siguen siendo las personas y eso es lo realmente atractivo. Su función es actuar como un cronista neutral que ayuda a organizar la partida:
- Registra personajes y lugares.
- Detecta posibles contradicciones.
- Mantiene un resumen de la historia.
- Gestiona objetivos narrativos.
- Lleva la puntuación de los participantes.
- Ayuda a conservar la coherencia general y a organizar el caos.
Su misión es coordinar, no crear.
Gran parte del debate actual sobre la inteligencia artificial gira alrededor de una misma pregunta: ¿puede una máquina sustituir al autor?
El Cronista parte de una idea distinta.
Aquí la tecnología no genera capítulos, no inventa personajes y no decide cómo continúa la historia. Todo eso sigue perteneciendo a quienes participan en ella. Nosotros decidimos como una sola mente colectiva.
Una historia con objetivos
Además de los turnos, el sistema puede registrar objetivos narrativos (o proponerlos si la trama se estanca) que sirven para dar dirección a la historia.
- Introducir un misterio.
- Revelar un secreto.
- Resolver una pista.
- Crear una alianza inesperada.
- Cerrar una trama abierta.
Los escritores son libres de decidir cómo alcanzarlos, lo que provoca situaciones sorprendentes y giros que nadie había previsto al inicio.
Lo más fascinante de esta experiencia es ver cómo la trama que tienes en la cabeza se transforma por completo. Tú imaginas un camino, pero llega un compañero, le da un giro totalmente diferente y consigue una escena muchísimo mejor. Esa chispa colectiva es una auténtica pasada. Leandro Sendra Vega
Un laboratorio narrativo
Para mí, este proyecto también se ha convertido en un laboratorio de experimentación. Qué le vamos a hacer, ya sabéis que me gusta jugar con vosotros. Estoy explorando nuevas formas de combinar narrativa, participación colectiva e inteligencia artificial sin que esta sustituya la creatividad humana. Y creo que es posible.
Cada partida aporta ideas, errores, mejoras y nuevas posibilidades.
En cierto modo, El Cronista es más una herramienta para descubrir nuevas maneras de contar historias que una simple inteligencia artificial.
Y quizá también una demostración de que la IA puede utilizarse para algo más que generar contenido: ayudar a que las personas colaboren, se coordinen y construyan algo juntas.
Puedes seguir la historia en directo
Si te apetece ver el experimento en funcionamiento, puedes leer la historia colaborativa conforme se va escribiendo. No encontrarás un manuscrito terminado ni capítulos revisados. Lo que verás será el proceso creativo en estado puro: decisiones improvisadas, nuevas ideas, personajes que aparecen de forma inesperada y tramas que evolucionan sobre la marcha. Solo acuñados por el usuario que ha participado en su escritura.
¿Y la novela?
La novela sigue adelante; esto no es una excusa para distraeros.
Pero mientras llega el momento de anunciar más detalles —la sinopsis está deseando salir a la luz—, me apetecía compartir este proyecto porque representa otra faceta de algo que siempre me ha fascinado: contar historias y hacerlo de una manera diferente.
Esta vez no desde la soledad del escritorio, sino acompañado por otros autores y con la posibilidad de que los lectores observen cada paso del viaje.
Porque, al final, las historias siempre han sido una creación humana y así deben serlo. El Cronista simplemente explora una nueva forma de reunir a las personas y hacerlas coincidir en el espacio y en el tiempo para poder contarlas de una manera única.
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