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Mostrando las entradas etiquetadas como RELATOS

NOMBRE EN CLAVE: TOB√ćAS - PARTE 4

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Para Tob√≠as, lo m√°s dif√≠cil de haber sido sometido durante a√Īos a un entrenamiento tan exhaustivo, fue mantener ocultas cada una de las habilidades que iba adquiriendo. Siendo tan solo un muchacho, sus padres ya notaron que su hijo era m√°s inteligente de lo normal, pero ni de lejos pod√≠an saber lo que ten√≠an entre manos. Por ese motivo, siguieron el consejo de algunos especialistas y lo pusieron en manos del estado, «el √ļnico con medios suficientes para desarrollar todo su potencial», dec√≠an. Y vaya si lo desarroll√≥. Con el inicio de la guerra civil, los estudios se fueron endureciendo, as√≠ como las t√©cnicas que utilizaban. El nivel de los experimentos era tal, que de entre todos los m√©todos utilizados con los sujetos de pruebas, el de descargas con electrodos constitu√≠a uno de los menos desagradables, por incre√≠ble que fuera. Los peores pod√≠an dejarlos inconscientes durante varios d√≠as. Toda aquella barbarie, contextualizada en una guerra tan recrudecida por los constantes enfren

NOMBRE EN CLAVE: TOB√ćAS - PARTE 3

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Las esposas estaban tan apretadas que solo cuando el inspector S√°nchez se las quit√≥, pudo volver a sentir las manos. Dos bonitas pulseras moradas con sus correspondientes heridas carmes√≠ adornar√≠an sus mu√Īecas las pr√≥ximas semanas, como recordatorio de que no estaba nada bien darle un empuj√≥n a un poli. —Muchas gracias, Ferm√≠n. Ten√≠a las mu√Īecas a punto de explotar. —No me llames por mi nombre, aqu√≠ soy el inspector S√°nchez. —Ferm√≠n, hombre... —rezong√≥ Andr√©s mientras segu√≠a frot√°ndose las heridas—. Si nos conocemos desde el parvulario. Todav√≠a me acuerdo de la canci√≥n que nos inventamos en tu honor… —Hasta los huevos de la cancioncita —asever√≥ Ferm√≠n casi elevando un grito—. Y luego siempre estabais con las mismas tonter√≠as. Que si cornudo, que cu√°ndo terminaban los encierros, que me ibais a cortar las dos orejas y el rabo... No me toques los cojones Andresito, que a√ļn te quedas durmiendo en el calabozo esta noche. —Perdona… Perdone, inspector S√°nchez. —Ya s√© que Exp√≥sito es un i

NOMBRE EN CLAVE: TOB√ćAS - PARTE 2

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Extrajo la carpetilla del sobre y la abri√≥ sobre la mesa. Cuando ley√≥ el asunto del informe en la portada no le sorprendi√≥ ni lo m√°s m√≠nimo. —Evaluaci√≥n final de sujetos —dijo para s√≠ mismo—. Era de esperar. Se acab√≥ el tiempo. El supervisor hab√≠a cambiado a mano el nivel de seguridad del documento de cuatro a cinco, algo que no constitu√≠a una pr√°ctica habitual, pero una r√ļbrica en la parte inferior derecha de la hoja as√≠ lo corroboraba. Bernhard gir√≥ la portada con suavidad y procedi√≥ a su lectura.   ※   “CONSIDERACIONES PREVIAS: Este documento ha sido redactado como conclusi√≥n a los informes 00-sp-189, 00-sp-197 y 00-sp-230, incluyendo la presente evaluaci√≥n final. El centro colaborador CSIC - √Ārea de alto rendimiento, ha demostrado su total lealtad al proyecto, manteniendo en secreto todas las informaciones obtenidas del presente estudio, colaborando en los aspectos m√°s controvertidos, y silenciando cualquier intento de insurrecci√≥n por parte de los familiares de los sometidos a

NOMBRE EN CLAVE: TOB√ćAS - PARTE 1

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La temperatura en el interior del edificio era m√°s que agradable, de modo que se desabroch√≥ el abrigo sin prisa y se lo colg√≥ en el antebrazo. Se levant√≥ el sombrero de fieltro, se acerc√≥ a la ventanilla del vigilante y toc√≥ el cristal con los nudillos. El cristal era demasiado grueso como para producir el sonido que esperaba, aunque el funcionario sac√≥ su nariz de la novela de igual modo. Eso s√≠, coloc√≥ el marcap√°ginas en su sitio antes de cerrarla. —Buenos d√≠as. Soy Thomas Bernhard. El acento del hombre era claramente alem√°n, lo que no le result√≥ extra√Īo al funcionario. Quiz√° un poco exagerado, pero √©l solo hablaba espa√Īol y chapurreaba algo de ingl√©s, as√≠ que no era nadie para juzgarlo y, lo que es m√°s, por all√≠ pasaban toda clase de personajes de diferentes pa√≠ses, cada cual m√°s peculiar. Un t√≠o con pinta de nazi, que hablaba raro y demasiado repeinado, no era nada fuera de lo normal en aquellas instalaciones. —Un momentito, caballero. —Dijo Jaime, el vigilante, mientras beb√≠a

LAS NOCHES DE CHRISTINE - LARVAE CONVIVIALES

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EP√ćLOGO 1. El recuerdo de la muerte es lo que anima a vivir, a seguir adelante a pesar de las adversidades o penurias que se cruzan en nuestras vidas. Es por ese motivo que, desde los tiempos de la antigua Roma, los esclavos llevaban a la mesa en mitad de la «gustatio», un esqueleto de plata de tama√Īo natural, para recordar a los comensales la certeza de que todo se acaba, y celebrar as√≠ la vida disfrutando de cada momento al m√°ximo. Esa costumbre ha quedado arraigada durante milenios, hasta el punto que no es necesario recordar que la muerte vendr√° un d√≠a a por nosotros mostrando un macabro esqueleto en mitad de la cena de Nochebuena, por ejemplo, sin embargo, seguimos reuni√©ndonos alrededor de una mesa para celebrar, y nos agasajamos con manjares tratando de conseguir un √°gape √ļnico y mejor que el anterior, si cabe. Ese estado de calma que nos brinda deleitar de la comida y del momento, ese grado de satisfacci√≥n, de felicidad al fin y al cabo, nos envuelve en una especie de aura

LAS NOCHES DE CHRISTINE - POST MORTEM

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PARTE IV † Las puertas del cine se abrieron y el p√ļblico comenz√≥ a salir al exterior. A pesar de que se trataba de una pel√≠cula de terror, todos bromeaban y comentaban la cinta. Algunos de ellos tomaron la acera del Cadillac Lounge hacia arriba y otros entraron en el local, pero la gran mayor√≠a se qued√≥ conversando unos minutos m√°s en la misma fachada del cine. El aire se volvi√≥ m√°s fr√≠o y una brisa h√ļmeda zarande√≥ las hojas sobre la acera del parque. Suaves r√°fagas de viento trajeron gotas de lluvia que pronto se intensific√≥ hasta convertirse en una fuerte tormenta. Como si hubieran lanzado un petardo en mitad de la multitud, la gente se dispers√≥ march√°ndose en todas direcciones. Dos de ellos tomaron la err√≥nea decisi√≥n de acortar el trayecto hasta casa cruzando el parque. En las pel√≠culas de vampiros, sobre todo en las que se filmaron a primeros y mediados del siglo XX, el protagonista siempre entraba en escena con una recua de rel√°mpagos que iluminan el cuadro. No sol√≠a haber ni

LAS NOCHES DE JULIETTE - ACTUS MORTIS

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PARTE III † La voz de Juliette le llamaba casi en un susurro. Un susurro que tan solo sonaba en su cabeza. «Cruza el parque», dec√≠a. «Ven, Randall. Solo t√ļ puedes salvarla». Y eso hizo. Cruz√≥ el parque corriendo m√°s r√°pido que nunca, dando enormes zancadas que casi se convert√≠an en un prolongado vuelo. Por un momento experiment√≥ lo que sienten los astronautas cuando van al espacio, esa ligera y placentera sensaci√≥n de ingravidez que era incapaz de disfrutar, porque la ira hab√≠a devorado cualquier otro sentimiento en su interior. Cuando lleg√≥ al centro del parque la sensaci√≥n de ingravidez desapareci√≥, y volvi√≥ a caminar como el ser humano que ya no era. Para el ojo inexperto hubiera resultado imposible encontrar a las dos mujeres en aquella oscuridad absoluta, pero no as√≠ para el ojo de un vampiro, no as√≠ para Randall, y la visi√≥n le dej√≥ petrificado. Juliette sujetaba a Christine por detr√°s. Sus afiladas u√Īas le inmovilizaban el cuello con firmeza, clav√°ndose en su carne como dos ga

LAS NOCHES DE RANDALL - MORS AB ALTO

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PARTE II † Randall pensaba bastante a menudo en Christine, aunque cada vez que entraba en el hospital, todas aquellas series y pel√≠culas que hab√≠a devorado en los √ļltimos d√≠as revoloteaban en su cabeza y no le dejaban pensar en otra cosa. Vampiros, hombres lobo y otros seres de ficci√≥n le acompa√Īaban en sus escarceos nocturnos. De todos ellos, con el que m√°s se identificaba era con ese chupasangre llamado Louis, un vampiro que no quer√≠a matar para alimentarse. Sonaba id√≠lico. Eso s√≠, le hab√≠a trastornado el personaje de aquella ni√Īa de tirabuzones dorados obligada a permanecer eternamente joven. Cruel y despiadada, caprichosa y malcriada. Igual que Juliette. Los aspersores ronroneaban con lentitud sobre el c√©sped de la instalaci√≥n, y el suelo encharcado le obligaba a zigzaguear para no mancharse de barro. Randall pens√≥ que si fuera el puto Dr√°cula podr√≠a haber levitado por encima de los charcos en lugar de saltar de un lado para otro como si fuera un jodido ni√Īo. Total, no hab√≠a n